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Neurocienciaaprende cada semana

El hueco de información

¿Por qué no puedes dejar de ver el siguiente capítulo, o te pica leer el final de una noticia a medias? El psicólogo George Loewenstein propuso en 1994 que la curiosidad nace de una brecha: cuando notas que hay algo que no sabes y quieres saber, esa distancia entre lo conocido y lo deseado se siente casi como una picazón mental. Cuanto más clara es la pregunta y más cerca sientes la respuesta, más fuerte tira de ti.

No es solo una metáfora. Un estudio de Gruber, Gelman y Ranganath publicado en 2014 en la revista Neuron mostró que, cuando la curiosidad se activa, se encienden los mismos circuitos de recompensa del cerebro que responden a la dopamina —los que también se activan con la comida o el dinero—. Y, de propina, ese estado curioso mejora la memoria: aprendemos mejor no solo lo que queríamos saber, sino también cosas irrelevantes que pasaban por ahí al mismo tiempo.

Esto explica muchas cosas de la vida diaria: por qué los titulares con preguntas enganchan más, por qué un profesor que abre con un misterio consigue más atención que uno que empieza soltando datos, por qué te cuesta cerrar una app hasta ver la notificación pendiente. La curiosidad no es una distracción del aprendizaje: es su motor.

En tus relaciones y en tu trabajo puedes usar este hueco a tu favor: en vez de dar toda la información de golpe, deja una pregunta abierta, un "¿y qué pasó después?". Y en tu propia cabeza, cuando algo te intriga, tómatelo en serio: es tu cerebro pidiéndote combustible para aprender.

Para llevarte hoy

Esta semana, cuando algo te intrigue de verdad, no lo dejes pasar: apúntalo y busca la respuesta. Es tu curiosidad pidiéndote que aprendas.

Fuente: Loewenstein, 1994; Gruber et al., 2014