Señales reales de sanación tras un duelo emocional profundo
31 de diciembre de 2025
" Hoy ha sido un día importante para mí. De esos que no hacen ruido, pero que marcan un antes y un después.
Un día que no hace ruido, pero deja huella
" Hoy ha sido un día importante para mí. De esos que no hacen ruido, pero que marcan un antes y un después.
Cuando publique este post ya habrá pasado un tiempo de este momento pero lo publico porque creo que es importante y es una muestra del cambio de fase. Y hoy ha sido un día increíble por muchos motivos que, quizás para ti que estás leyendo esto, te pueden parecer una tontería… pero para mí, ha sido un día que recordaré durante mucho tiempo .
Cuando el dolor profundo empieza a aflojar
Lo primero que quiero destacar es que mi dolor profundo ha empezado a desaparecer después de una semana dura. Ningún dolor físico —aunque en algún momento empezaba a serlo un poco— sino un dolor emocional.
Después de pasar por la época en la que mi cuerpo estaba sobreviviendo , después de pasar la etapa en la que mi cuerpo empezaba a soltar con ansiedad y dolor intenso, pasé al dolor menos agudo pero más profundo.
Y eso me generaba una incomodidad aún mayor, porque el dolor profundo suele ser más doloroso , aunque sabía que si era profundo era porque mi cuerpo ya no estaba en modo supervivencia. Eso hacía que empezara a abrirse y a desprotegerse. Una etapa más del proceso de desintoxicación donde mi cuerpo empieza a no estar en alerta, y eso es una gran noticia.
Cuando el cuerpo vuelve a permitir llorar
La segunda , y no menos importante: viendo un reel de La Vida Es Bella , me han salido unas lágrimas de los ojos. ¡Un súper logro!
Hacía mucho tiempo que no podía llorar y, aunque no sé si se puede considerar llorar, para mí ya ha sido un logro: sentir cómo mis ojos se humedecían y tener que pasar mis manos para quitarme la poca agua que había salido ya ha sido un gran disfrute.
Un alivio al ver que vuelvo a tener la oportunidad de llorar. Sé que me será difícil por muchos motivos, pero ya ha salido la esperanza de que podría ser posible algún día . Otra señal de que mi cuerpo deja de estar en alerta.
Recuperar peso como señal de estabilidad
La tercera , también súper importante para mí: esta noche me he pesado y estoy en 66.20 kg .
¡Otro súper logro!
Después de meses complicados, donde estuve con una persona que invalidaba mi físico y me comparaba constantemente con otros hombres para hacerme sentir pequeño...
Después de vivir bajo una presión donde se cuestionaba mi cuerpo y mi capacidad de proteger, después de escuchar comparaciones que solo buscaban mermar mi autoestima... Después de vivir una ansiedad brutal y bajar hasta los 62.50 kg (y yo mido 1.90 m)... Después de meses estancado entre 64 y 65 kg… hoy he logrado pasar la barrera de los 66 kg.
Esto no significa que no vuelva a bajar, pero sí es el inicio de estabilizar mi peso y conseguir quedarme donde siempre he estado: alrededor de los 67 kg. Mi objetivo no es llegar a nada estético. Si llego a los 70 kg, ya será un súper logro —lo conseguí solo una vez yendo al gimnasio cada día— pero sinceramente, mi objetivo no es ganar peso: es ganar salud mental y ser lo más feliz posible con mi vida.
Hoy es un gran día. Hoy quería compartir con vosotros/as.
En tecnología pasa algo muy parecido a lo que he vivido estos meses. Cuando un sistema ha estado demasiado tiempo al límite, no se recupera de golpe. No vuelve a funcionar como si nada hubiera pasado. Primero hace lo único que puede hacer: no apagarse .
Durante un tiempo, el sistema deja de procesar, deja de sentir, deja de responder con normalidad. Solo aguanta. Prioriza lo básico. Mantenerse encendido. Eso es el modo supervivencia. Y eso fue exactamente lo que hizo mi cuerpo durante meses.
Cuando el peligro baja, cuando la amenaza ya no es constante, el sistema no arranca a pleno rendimiento. Arranca en modo seguro. Más lento. Más sensible. Más torpe. Pero también más honesto. Ahí aparece ese dolor profundo que tanto incomoda, pero que en realidad es una señal clara de que ya no estás en guerra contigo mismo.
Y poco a poco empiezan a pasar cosas pequeñas. No espectaculares, pero reales. El sistema vuelve a permitir funciones que había bloqueado para protegerse. Aparece una lágrima. El cuerpo vuelve a pedir comida. El peso deja de caer. La energía empieza a redistribuirse. No porque todo esté bien, sino porque ya no todo es amenaza.
En términos técnicos, no es que el sistema esté reparado. Es que está restaurando módulos esenciales . Paso a paso. Sin prisa. Sin forzar.
Y aquí viene lo importante: un sistema colapsado no revive de golpe. Se reinicia en fases. Cada pequeña señal —una lágrima, un kilo recuperado, un día un poco más tranquilo— no es una tontería. Es una prueba de que el sistema vuelve a arrancar, esta vez con más conciencia que antes.
No estás empezando de cero. Estás arrancando en modo seguro para reconstruirte mejor.
Guía gratuita
Las 6 fases del duelo
Un recorrido claro, con metáforas de la tecnología, para entender por dónde pasa la recuperación tras un golpe emocional. Te la enviamos al correo ahora mismo.
Te suscribes a las novedades. Puedes darte de baja cuando quieras.
Comentarios
Sé el primero en comentar.