Cuando la rábia vuelve aunqué ya esté mejor

23 de febrero de 2026

Estos días me he dado cuenta de algo que no esperaba.

Estos días me he dado cuenta de algo que no esperaba.

Estoy mejor. Lo noto de verdad. Tengo más energía, me concentro más, hay momentos de calma que antes no existían. Puedo hablar de lo que he vivido sin que el cuerpo se me descontrole. Puedo contar partes del proceso sin que se me acelere el pulso. Incluso puedo pronunciar su nombre sin que se me cierre el pecho. Y, aun así, estos últimos días ha vuelto la rabia.

No es una rabia explosiva. No es perder el control. Es algo más profundo, más silencioso. Como una brasa que sigue encendida debajo de la ceniza. Y lo que más me ha sorprendido es que ya no me vienen tanto los hechos concretos. Lo que me remueve es otra cosa: la sensación de que la otra persona pasó página desde el minuto uno, o incluso antes de que todo terminara, mientras yo todavía estoy acabando de integrar lo que pasó.

Hay una parte de mí que piensa: no es justo. No es justo haberlo dado todo. No es justo haber sostenido tanto. No es justo haber tardado tanto en salir. Y, sobre todo, no es justo sentir que yo aún estoy colocando piezas mientras la otra parte ya está viviendo una vida nueva como si nada. Eso es lo que activa la rabia.

Durante mucho tiempo estuve en la tristeza. Una tristeza pesada, de esas que no siempre puedes llorar aunque quieras. Yo no he llorado casi nada, no porque no doliera, sino porque mi cuerpo no sabía hacerlo. El dolor se me fue por dentro: ansiedad, insomnio, pensamientos que daban vueltas sin parar. No todo duelo tiene lágrimas. A veces tiene tensión.

Ahora la tristeza ha bajado mucho, pero la rabia aparece a ratos. Y eso me ha hecho entender algo importante: estar mejor no significa que todo haya terminado. Significa que tengo más recursos.

Antes, la rabia me habría atrapado durante días. Ahora la noto, la siento subir por el cuerpo, aparecen pensamientos intensos… y al cabo de un rato puedo volver a mí. Ya no me quedo a vivir dentro de ella. Ya no soy la rabia. Y eso, si lo miro con honestidad, es un cambio enorme.

También me he dado cuenta de que no es una rabia solo hacia la otra persona. Es rabia hacia la injusticia que sentí. Hacia la parte de mí que permitió cosas que no debería haber permitido. Hacia el tiempo invertido. Hacia la ilusión que yo creía real y que después no lo fue. Hacia todo lo que tragué, lo que normalicé, lo que intenté sostener para que funcionara, mientras eso me iba desgastando por dentro.

Pero si la miro bien, esta rabia también es señal de que la autoestima está volviendo. Porque la rabia sana dice: esto no era justo para mí. Y cuando puedes decir eso sin destruir a nadie, estás empezando a reconocerte.

No quiero quedarme enganchado aquí. No quiero convertirme en alguien que vive desde el resentimiento. Ya he visto lo que pasa cuando alguien se instala ahí. Yo quiero construir. Quiero una vida tranquila, honesta, sana. Quiero una relación donde haya admiración mutua, coherencia, respeto. Y sé que para llegar ahí tengo que atravesar esta fase sin convertir la rabia en mi identidad. Sentirla, sí. Vivir desde ella, no.

A veces todavía pienso si la otra persona es feliz, si está bien, si ha encontrado a alguien. Y sí, hay momentos en los que eso me remueve. Pero cada vez dura menos. Cada vez vuelvo antes a mí. Una amiga me dijo algo que se me quedó grabado: cuando el presente sea más dulce, el pasado dejará de doler. Yo intento no esperar a que todo sea perfecto para estar en paz, pero también acepto que este proceso, para mí, es lento. Y no siempre sencillo.

Si miro atrás, veo el túnel. Veo lo intenso que fue todo. Veo lo perdido que estaba. Y si me miro ahora, con alguna brasa todavía encendida pero con más conciencia y más calma, sé que estoy saliendo.

No es una línea recta. No es una superación mágica. Es un proceso humano. Y quizá la madurez no es dejar de sentir rabia. Quizá es sentirla, entender de dónde viene y decidir que no va a dirigir tu futuro. Y eso, hoy, ya lo puedo hacer.

Guía gratuita

Las 6 fases del duelo

Un recorrido claro, con metáforas de la tecnología, para entender por dónde pasa la recuperación tras un golpe emocional. Te la enviamos al correo ahora mismo.

Te suscribes a las novedades. Puedes darte de baja cuando quieras.

¿Te ha gustado? Compártelo

WhatsAppTelegramX

Comentarios

Sé el primero en comentar.